martes, 12 de febrero de 2008

oh, no, yo no merezco tanto!

Hace algunos meses conocí en el taller para editores a dos chavitas de gustos literarios muy selectos. Una muy buena onda, y otra tan antipática y amargada que me dejó algo inquieta porque si tanto me molestó es porque seguramente yo soy igual y salí proyectada con ella. Traté de mantener comunicación con la chavita buena onda, nos mandamos dos mails bastante parcos en donde ella se daba a desear (ja,ja,ja ay, linda) y en donde yo, francamente, le decía pa’ lo que quieras estoy, nena.

Después se ausentó un chingo por lo que borré sus mails considerándola algo perdido. Pero un día me mandó a mi una invitación a un cine club como si fuera una redacción de manera grupal. Le contesté (tonta de mi) que chido, gracias, y ya. Hace dos semanas yo andaba por esa calle donde camino cuando estoy triste – y me sentía de la chingada- cuando a lo lejos veo a una chava “ muy familiar” y mientras nos acercábamos la reconocí, ella al parecer también y lo ridículo vino a continuación:
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Pasamos a una junto a la otra y fingimos nunca habernos visto. Estúpido, así fue. Yo no hice nada; seguí mi camino, me metí a Mixup mientras pensaba en lo pendeja que era ella y en lo imbécil que había sido yo. Hoy entré a la cuenta de correo con mi nombre real que muy pocas veces visito y descubro que me ha envidado un chingo de mails de grupo, invitaciones a presentaciones de libros y la chingada. No se ha tomado la molestia de borrarme de sus contactos y yo en ese mismo instante la borré de los míos. Pero hubo algo que fue como una cachetada, leí su firma en el anuncio de la presentación de x libro… “Fulanita de tal, departamento de ediciones” y le di su punto de ventaja sobre mi, vamos, lo acepto, en eso sale triunfante.