Cuando cruzó la puerta y no sabía lo que le esperaba, qué encontraría detrás, a quien se enfrentaría. Entonces, ahí de pie en el piso de madera, iluminada por los rayos solares que se colaban por la ventana supo que era el destino. Sus ojos tan brillosos y cálidos la recibieron. Tímidamente dio su nombre y tomó asiento, callada, impresionada, deseando sonar correcta. La miró todo el tiempo y se hizo preguntas que no pudo contestar mientras la tuviera en frente. Podía sentir en su pecho la seducción que ella le provocaba, el deseo reprimido desde hace tantos años.
Miradas que se cruzaban diciendo tantas cosas al mismo tiempo. Y ella tan callada, tan insignificante y mínima. Con sonidos guturales se dio a entender, quería gritarle, decirle que no había visto en esos días persona más provocativa que ella, que estaba sedienta, desesperada, atormentada por la angustia y la soledad que se habían apropiado de su ser. Al salir caminó despacio, guardando en su mente cada detalle de lo que había visto... pero también cada sensación que le había provocado. Salió deseándola ver de nuevo, sin explicarse que debía hacer para aquello antes de que empezara... sola como siempre comenzaba todas las fantasías amorosas que guardaba en su interior.
Miradas que se cruzaban diciendo tantas cosas al mismo tiempo. Y ella tan callada, tan insignificante y mínima. Con sonidos guturales se dio a entender, quería gritarle, decirle que no había visto en esos días persona más provocativa que ella, que estaba sedienta, desesperada, atormentada por la angustia y la soledad que se habían apropiado de su ser. Al salir caminó despacio, guardando en su mente cada detalle de lo que había visto... pero también cada sensación que le había provocado. Salió deseándola ver de nuevo, sin explicarse que debía hacer para aquello antes de que empezara... sola como siempre comenzaba todas las fantasías amorosas que guardaba en su interior.