Qué suerte la mía tener azul el corazón, color melancolía no sé quien me lo pintó.
Te juro que quisiera a veces no sentir, desconocer el alma y ser vacía tal vez feliz. Es arma de doble filo la sensibilidad pero si cierro los ojos, podría tropezar. Y es por eso que ven que subo y luego vuelvo a bajar lo que siento me toma tiempo y no lo puedo evitar. Ya llegará el momento, ése punto perfecto… sin cambiar.
En ocasiones es un poco difícil de explicar que algunas personas tenemos nuestros límites, nuestras ideas. Doy un paso adelante te dejo conocerme pero cuando siento que comienzas a quedarte por mucho tiempo en mis pensamientos y luego te anidas en mi corazón me aterro, me asusto y hago algo para que te apartes un poco. Lo hago, lo sigo haciendo y no es fácil romper este hábito.
Estoy dentro de una armadura que por momentos es muy frágil cuando la tocan y en otros me quema por dentro. A veces no entiendo qué es lo que provoco, por qué esta suerte. Puedo enamorar a ciertas mujeres, pero lamentablemente sucede tan rápido que antes de enamorarme ya las estoy perdiendo (o apartando, no sé) y entonces ellas se enojan, reclaman y me llaman insensible, pero es eso precisamente el ser más sensible de lo que aparento lo que me orilla a actuar así. ¿Es malo?, ¿es bueno? Lo único que sé es que me ha servido por momentos en otros me ha hecho llorar.
Y cómo solucionar que ella se me aparece en todas las mujeres que llaman mi atención, que todas se parecen a ella, siempre hay un detalle que me provoca flash backs de mi pasado. Tampoco he aprendido a lidiar con eso. Prefiero sufrir yo, corregir mis lazos que orillar a alguien a que sufra conmigo por eso me retiro por eso me encapsulo. Aunque a veces no se entienda de ese modo.
Sé que poco a poco iré dejando esto… no deseo confundir mis deseos con necesidad. Lo único que deseo es que quien dice estar enamorada de mí no se detenga; que no me piense que entierre ese amor porque no es mío, no me pertenece. Algo de mí aún le pertenece a ella, no lo puedo negar.
Te juro que quisiera a veces no sentir, desconocer el alma y ser vacía tal vez feliz. Es arma de doble filo la sensibilidad pero si cierro los ojos, podría tropezar. Y es por eso que ven que subo y luego vuelvo a bajar lo que siento me toma tiempo y no lo puedo evitar. Ya llegará el momento, ése punto perfecto… sin cambiar.
En ocasiones es un poco difícil de explicar que algunas personas tenemos nuestros límites, nuestras ideas. Doy un paso adelante te dejo conocerme pero cuando siento que comienzas a quedarte por mucho tiempo en mis pensamientos y luego te anidas en mi corazón me aterro, me asusto y hago algo para que te apartes un poco. Lo hago, lo sigo haciendo y no es fácil romper este hábito.
Estoy dentro de una armadura que por momentos es muy frágil cuando la tocan y en otros me quema por dentro. A veces no entiendo qué es lo que provoco, por qué esta suerte. Puedo enamorar a ciertas mujeres, pero lamentablemente sucede tan rápido que antes de enamorarme ya las estoy perdiendo (o apartando, no sé) y entonces ellas se enojan, reclaman y me llaman insensible, pero es eso precisamente el ser más sensible de lo que aparento lo que me orilla a actuar así. ¿Es malo?, ¿es bueno? Lo único que sé es que me ha servido por momentos en otros me ha hecho llorar.
Y cómo solucionar que ella se me aparece en todas las mujeres que llaman mi atención, que todas se parecen a ella, siempre hay un detalle que me provoca flash backs de mi pasado. Tampoco he aprendido a lidiar con eso. Prefiero sufrir yo, corregir mis lazos que orillar a alguien a que sufra conmigo por eso me retiro por eso me encapsulo. Aunque a veces no se entienda de ese modo.
Sé que poco a poco iré dejando esto… no deseo confundir mis deseos con necesidad. Lo único que deseo es que quien dice estar enamorada de mí no se detenga; que no me piense que entierre ese amor porque no es mío, no me pertenece. Algo de mí aún le pertenece a ella, no lo puedo negar.