Hoy mi mamá y yo fuimos a comer al centro comercial. Trato de aguantarla y ser lo más amigable posible con ella, aunque a veces esa tarea se vuelve todo un reto. Y cual fue mi puta suerte que nos encontramos a una de mis ex mejores amigas (la felizmente casada meses atrás) y después de las preguntas de rigor: ¿Cómo estas? ¿Cómo te va? ¿Qué tal tu vida de casada? y demás cosas por el estilo nos despedimos. Pero en el coche mi mamá comenzó de nuevo a hacerme esos comentarios indirectos en los que hace notar lo distinta que soy a las demás y me lo dio a entender en el aspecto del matrimonio. Hubiera preferido que en vez de tanta verborrea sin sentido me hubiera preguntado directamente: “¿En qué falle?” Pero no, no lo hace, sólo le gusta lamentarse.
Y bueno, aunque me hiciera esa pregunta ya me daría hasta pereza contestarla, no me interesa saber en qué fallo quién o qué fue lo que sucedió (del modo en que lo ven ellos porque yo me siento bien siendo lo que soy) lo que me interesa es darle vuelta a la página, no enlodarme en pantanos ajenos y hacer mi mejor esfuerzo por mi bienestar personal… lo demás viene después. Pero en momentos como los de hoy, me doy cuenta que hay algo que tengo que trabajar mucho: la tolerancia.
Y bueno, aunque me hiciera esa pregunta ya me daría hasta pereza contestarla, no me interesa saber en qué fallo quién o qué fue lo que sucedió (del modo en que lo ven ellos porque yo me siento bien siendo lo que soy) lo que me interesa es darle vuelta a la página, no enlodarme en pantanos ajenos y hacer mi mejor esfuerzo por mi bienestar personal… lo demás viene después. Pero en momentos como los de hoy, me doy cuenta que hay algo que tengo que trabajar mucho: la tolerancia.