Mañana cuando te encuentre entre la gente sabré con que nombre llamarte, no necesitaré que vistas algo en especial, que portes un sombrero o que me lleves unas rosas. Anteriormente, la soledad me había encadenado dejando un vacío en mi alma y la sensación de frialdad en el ambiente. Llena de aflicción, miedo y con ganas de huir del pasado y esconderme de mi futuro, sobrevivía. Que gran ventaja si todo fuera tiempo presente, estático y pasivo, aunque no creo que sea buena idea porque sin porvenir no habría ese mañana que tanto espero. Tomaré mi tiempo, mediré mis pasos, tranquilizaré a mi corazón hasta llegar hacia ti.
Me quedaré a un lado de la escalera como hemos quedado al charlar por teléfono. ¿ Lo recuerdas?. Te observaré a lo lejos y me dará risa notar que estas nerviosa. ¿Cómo te reconoceré después de este tiempo?
Eso no importa, sé que lo conseguiré, me guiaré de mis impulsos y me ayudaré de mis brazos que por la necesidad de abrazarte me llevaran a ti como un imán incontrolable. Nos abrazaremos y te daré un beso en la mejilla.
Con lo atenta que eres me pedirás entrar al lugar de nuestra cita. Pediremos una bebida para comenzar. Al momento de saborearla en mi boca, tomaré en cuenta tus gestos, la forma de mirar y hacia donde observas cuando me hablas. Me fijaré en tu atuendo y en la forma de hilvanar las palabras para darnos conversación. Seguramente me dirás con orgullo que supiste llegar sin perderte y que soy gran negociante al haberte convencido.
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Después, nos vendrá bien un poco de comida. Criticaremos el mal servicio del lugar y prometeremos no volver a citarnos ahí. Nos dará risa todo aquello. Me atreveré a decirte personalmente lo mucho que te he extrañado, los recuerdos, y las anécdotas que tengo en mente de cuando estabamos juntas. Tu compartirás las tuyas acerca de mi. Nos burlaremos de nuestra mediocridad. Como en los viejos tiempos me jugarás una broma con el vaso de agua. Acto seguido, compartiremos un poco del helado que tanto disfrutábamos años atrás. Romperé la línea del tiempo y diré todo lo que jamás pude, desahogaré mi pecho lleno de frases estancadas en lo más hondo de mi corazón, cobijadas con mis sentimientos de impotencia. Te confesaré el gran amor que te tuve y la fidelidad que siempre tendrás de mi. Te hablaré de lo que hice en tu ausencia, aunque no hay mucho que contar.
Entonces, te diré que te amo y que has sido lo más importante en mi vida. Me quitaré los guantes a pesar del frío para tocar tus manos heladas, igual que las mías-si es que recuerdas mi excentricidad por cubrir mis manos al salir- Les daré un beso y después las pondré sobre la mesa. Mañana saldré de la cama, hará mucho frío como es normal en estas fechas, caminaré hacia el baño y sacaré el bote con pastillas que he guardado con recelo. Perderé la cuenta en el contenido y cantidad y dormiré pacientemente.
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Mis ojos se cerrarán y entonces me encontraré en la calle vistiendo la gabardina que me regalaste. Estaré en medio de la gente, con las manos en los bolsillos y la sonrisa en los labios. Esperándote donde quedamos. Fuera de mi visión un hombre vestido de azul con una placa en la camisa, gorra y una pistola en la cintura abrirá la puerta a la fuerza. La vecina lo ha llamado. Al darse cuenta de lo ocurrido, ella le contará de tu muerte doce meses atrás. No creo que le decepcione saber que no lo superé. Me encontrarán tirada en la cama sin signos vitales. Con un par de pastillas regadas entre mis cabellos.
