Seré breve:
- Sí, que a la mera hora lloraron unas tres viejas, al menos eso fue lo que escuché mientras cerraba los ojos fingiéndo concentración. No me gusta que la gente llore se siente feo.
- El maestrito terminó jodiéndome los ovarios con su actitud de "es que no les puedo decir todo eso porque no están preparados aún" haciéndonos ver como una bola de pendejos que no estamos tan iluminados como él. Hizo una técnica que a mi me pareció peligrosa (golpear tempestivamente una silla como si fuera un bombazo mientras la gente está en trance) y definitivamente sus charlas cambiarían mucho si se anima a tomar un curso de PNL pero eso incrementaría su de por sí ya inflamado ego.
- Me harté, tomé mis cosas y me largué de la sesión a pocos minitos de que terminara. Me vió y lo vi, no dijimos nada. Preferí bajar del cerro y caminar tres cuadras rumbo a la librería Gandhii.
- Pero en la pinche librería Gandhii mi placer se vio opacado porque un disco de Chabela Vargas sonaba una y otra y otra y otra y otra vez lastimándome los oídos. Más mejor me fuí (con unas ganas terribles de comprar una novela que descubrí).
- Minutos después me arrastró un camión urbano (para mi gran fortuna sólo me arrastró y mis dos piernas están ilesas) Todo sucedió muy rápido pero primero me prensó la puerta trasera, después yo intuitivamente salté como Juan Escutia con la bandera y caí en el asfalto con el pie atorado adentro del camión, obviamente, me dio una arrastrada hasta que alguién le informó de mi presencia cerca de los neumáticos. Un agente de tránsito oportuno arribó al lugar de los hechos e hicimos un show con un atento público a la espectativa. Las consecuencias: mi pantalón todo roto, una rodilla sangrante, pero mis pies en su lugar :) Eso sí, un pinche sustote de miedo.
- Para finalizar, como diría Christian Castro: Y mañana, mañana...