jueves, 1 de noviembre de 2007

Ah, cosas

Casi siempre me toca recoger a mis sobrinos del colegio. Y me saca mucho de onda que todos los letreros están en inglés. Es absurdo porque una cosa es que sea educación bilingüe y otra que desplaces por completo el idioma del país en el que vives. ¡Y tan bonito es que es el español! El alemán y el inglés son dos idiomas que no me gustan nada y me da una flojera enorme interesarme en ellos aunque uno sea prácticamente a güevo. Pero el español me gusta mucho, y me gusta que sea muy variado en toda Latinoamérica. No sé, eso de agringar todo se me hace mala onda. Todas las tareas son en inglés, sus primeras palabras en cursiva son en inglés, sus primeas sumas y problemas razonados son en inglés. Según yo eso no debe ser.


Ayer tuve un pinche flasback porque llegué a mi casa tarde para hacerme pendeja y no escuchar a los niños pidiendo halloween pero después de las nueve llegó un grupito, tuve que salir porque mi mamá hablaba por teléfono y era el grupito de vecinas mamás. Una de ellas fue mi amiga de la infancia, estaba medio loca, accidentalmente se embarazó hace cinco años y andaba con su niño, pidiendo. Nos saludamos y todo pero me sentí bien pinche lejana. Como si no tuviéramos nada en común (cosa que es cierta) como si yo me hubiera quedado en el pinche pasado y ella en el futuro. Entonces recordé cuando andabamos por las calles pidiendo, cuando había un mundo de gente haciendo eso, cuando nuestras tardes eran felices lejos del mundo frustrado y competitivo de los adultos. Físicamente era la misma pero por esa mirada sin empatía casi seguro que ni nos conocemos. Y antes los dulces eran mejor.

Mis sobrinos tienen nana los pobres se creen en Merry Popins, para ellos es novedad tener alguién que les haga caso y esté a sus órdenes, pero se me hace que no les dura ni una semana, es una chavita de 17 que si se queda toda la tarde con ellos vegeteará cabrón.