jueves, 8 de noviembre de 2007

Quiero sorpresas pero de las buenas

Primero este asuntito con mi “amigo” que me sacó sorpresitas de donde no las esperaba. Y luego situaciones estresantes de carácter familiar, un viaje inesperado de mi mamá a otras tierras sólo porque una tía atraviesa una crisis por una situación que, vamos, no es para tanto, no cuando prendes la tele y ves que miles de familias se han quedado en la calle porque su ciudad se convirtió en río y en sus casas ahora flotan ratas, perros y gatos muertos, nadan serpientes y cocodrilos hambrientos que huelen las cabezas de ganado que murieron ahogadas en las aguas negras.

Me empeñé en que antes de que se fuera sacáramos cita con el médico. Por fortuna, supuestamente, está bien sólo necesita tratamiento así que la dejé ir. Pero al día siguiente me llama mi papá y me dice que se llevaron a mi hermano de urgencia al hospital. Imaginé lo peor porque su trabajo es muy estresante y por sus condiciones físicas coquetea con un infarto. Encendí la veladora, realice una oración y me senté en la sala en plena madrugada a esperar una llamada que no llegaba. Ya saben, en esas situaciones inesperadas los nervios hacen su función y el estómago se contrae. Por mi mente pasaban todo tipo de ideas hasta que después de mucho esperar me dicen que ya estaba estable pero sigue delicado y en estudios.

Y yo soy de esas personas que cuando algo le duele prefiere no hablar de eso. Pero, no sé, creo que eso me ha hecho daño toda mi vida así que prefiero simple y sencillamente admitir que he andado muy emotiva esta semana. Y como nunca he tragado chocolates. Noviembre no me gusta porque es como que muy extremoso emocionalmente.