Me gusta escribir cartas. Es algo que disfruto mucho aunque cada vez lo hago menos. De hecho creo que escribir diarios vendría siendo como una dinámica epistolar con uno mismo, o más bien hacia un lector que no conocemos y que no sabemos si existirá algún día. Porque mientras no haya alguien que encuentre y lea esos diarios (con deleite o intriga) ese lector para quien escribimos sigue sin existir.
Hoy escribí una carta para mi papá que anda en un retiro espiritual y ha sido la carta más complicada en mucho tiempo. Hay tantas cosas que escribirle a un padre, a alguien que ha estado ahí por tantos años que no caben las palabras o peor aun no saben cómo salir de mi cajita de recuerdos. ¿Cómo decirle tantas cosas?, las que puede saber sin sentirme apenada o cursi y al mismo tiempo emitiendo otras que en realidad quisiera decir. Hablarle de esa parte de mí de la que seguramente en muchos años no podré compartir. Cómo no escribir la carta tonta y predecible que envían las hijas en momentos especiales.
Estuve frente al papel en blanco mientras leía las palabras en mi mente pero incapaz de plasmarlas en papel. Como cuando redactaba sobre aquel día en el que me llevó a la universidad en mi primer día de clases que, dicho sea de paso, quedaba lejísimos y como llegamos temprano nos quedamos él y yo en el coche viendo como amanecía. Él iba a llegar tarde a su trabajo y le valía madres por estar conmigo, mientras que yo me enfrentaba al nuevo mundo académico toda nerviosa.
No sé porqué recuerdo tanto ese día que nunca olvidé, el caso es que lloré mientras le contaba de eso en la carta. Fue bastante emotivo escribirla, y más que nada terminarla así que utilicé un recurso gráfico que no sé qué efectos cause en mi papá al leer. Nos dibuje a él y a mi dentro de un parque, justo como estamos ahora, y me salió muy bien. Nos parecemos ^-^ definitivamente soy fan del género epistolar. Cuantas cosas hay que decirle a un padre ¡cuantas! al menos hoy tuve la oportunidad de decirselas en vida.
Hoy escribí una carta para mi papá que anda en un retiro espiritual y ha sido la carta más complicada en mucho tiempo. Hay tantas cosas que escribirle a un padre, a alguien que ha estado ahí por tantos años que no caben las palabras o peor aun no saben cómo salir de mi cajita de recuerdos. ¿Cómo decirle tantas cosas?, las que puede saber sin sentirme apenada o cursi y al mismo tiempo emitiendo otras que en realidad quisiera decir. Hablarle de esa parte de mí de la que seguramente en muchos años no podré compartir. Cómo no escribir la carta tonta y predecible que envían las hijas en momentos especiales.
Estuve frente al papel en blanco mientras leía las palabras en mi mente pero incapaz de plasmarlas en papel. Como cuando redactaba sobre aquel día en el que me llevó a la universidad en mi primer día de clases que, dicho sea de paso, quedaba lejísimos y como llegamos temprano nos quedamos él y yo en el coche viendo como amanecía. Él iba a llegar tarde a su trabajo y le valía madres por estar conmigo, mientras que yo me enfrentaba al nuevo mundo académico toda nerviosa.
No sé porqué recuerdo tanto ese día que nunca olvidé, el caso es que lloré mientras le contaba de eso en la carta. Fue bastante emotivo escribirla, y más que nada terminarla así que utilicé un recurso gráfico que no sé qué efectos cause en mi papá al leer. Nos dibuje a él y a mi dentro de un parque, justo como estamos ahora, y me salió muy bien. Nos parecemos ^-^ definitivamente soy fan del género epistolar. Cuantas cosas hay que decirle a un padre ¡cuantas! al menos hoy tuve la oportunidad de decirselas en vida.