martes, 8 de abril de 2008

Contestación inmediata

Me ha dado gripe. Se podría decir que desde la adolescencia somos íntimas amigas. Quizás mis defensas son muy chafas o me hace falta comer ciertos alimentos en mayores cantidades pero el caso es que es muy común que me dé. Ya ni les sorprende a mis allegados. Cuando tienes gripe y estornudas la gente teme ser contagiada por lo que me dieron la salida temprano. Así me contagie yo. Iba en el autobús la semana pasada y una chica de adelante estornudó muchas veces. Las ventanas estaban cerradas así que terca como soy creo firmemente que esa desconocida me paso sus virus. Ya me tomé los menjurjes correspondientes, sólo le queda a mi cuerpo responder.
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Iba escribir sobre Dulcinea, pero nah, a’í mejor para la otra. No sé si sea la calor (me encanta cuando la gente se expresa mal) o mis virus pero el día de hoy no he parado de sudar. Y estamos apenas en primavera. Ando buscando un banner. El domingo estaba en la iglesia, físicamente estaba ahí pero al mismo tiempo estaba muy lejos. Me sentía triste y bajoneada porque siempre que ocurren esas diferencias me doy cuenta de que me olvido de lo que nos une y me ganan las inseguridades.
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En el lugar había muchas caras felices, sobre todo muchas señoras alegres y yo me les quedaba viendo y me preguntaba si alguna de ellas alguna vez sintió algo parecido a lo que yo estaba sintiéndo. Al mismo tiempo le pedía a Dios o a quien estuviera disponible que me diera una señal, algo que me hiciera sentir mejor. Entonces entró un señor con una camiseta negra que tenía estampadas unas letras blancas y decía en la parte frontal “No te rindas” y atrás el nombre de un grupo de oración. Ahí estaba el mensaje, más claro ni el agua.