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Dicen que aprendemos sin darnos cuenta, es decir, que el cerebro registra todo lo que está a su alrededor sin que los ojos de la mente lo perciban. Es por eso que en las escuelas las paredes están tapizadas de información (no, no es de adorno, ni para que se vea chic ó gringo, es una trampa subliminal que nada más los maestros saben, jo.jo) que los alumnos retienen en su cerebro sin darse cuenta. Los mismo pasa en las sesiones de AA, y otro tipo de lugares donde uno va a meditar o aprender cosas nuevas. Yo en mi recamara (confesaré que) tengo muchas cosas escritas, cosas que yo quiero programar en mi cabeza, más que una recamara parece un laboratorio de ideas; hay dibujos, frases, mapas conceptuales, metas, todo tipo salón de clases y lo que más me jode es que cuando entra algún extraño (plomero, cerrajero, mueblero, etc) se quede mirando e intente leer. Son cosas mías que nada más yo entiendo. Antes mi familia leía cuando entraba a buscar cosas (yo prácticamente duermo en el garage familiar) mientras yo los miraba apresurándolos, pero en la actualidad ya les mucha doy gueva. Tenía pensado escribir otra cosa pero semejante descuido desencadenó este otro post. A lo que voy es que por ese maldito anuncio ya le tengo que pensar más con el verbo abrir. Deberían rebajarme el pollo por lo menos. Y diariamente retenemos en la cabeza más de lo que creemos, a cada segundo nos estamos grabando algo… para muestra la avenida más transitada de cualquier ciudad. ¡Enjoy!
*Pero qué tal que escribierón esa barbaridad para que regresaramos con morbo a comprar más pollo y verificar si el letrero había sido corregido. ¿Sólo caí yo?, ¿caímos muchos?