Se supone que no debería alegrarme pero maliciosamente dentro de mí, desde las entrañas de mi cuerpo siento una extraña (y placentera) alegría, cierta satisfacción al darme cuenta de que la increíblemente mágica, pasional, etérea, sublime y delicada historia amorosa que mantenía putazo 3 con su pareja, sorpresivamente, ha terminado. Creí que no sucedería porque se amaban con locura, pasión y bastante melosidad. Le dedicó escritos bellísimos en los que yo derramaba baba pensando en lo suertuda que era su pareja.
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Pasar por su sitio era encajarme un puñal en el estómago y astillarme el corazón. Y a pesar de eso no tomaba en serio esos sentimientos porque un mundo nos separa (y no sólo físicamente, cronológicamente también) pero cuando la leía creía en el amor y lo detestaba al mismo tiempo. Sentía en la carne el deseo, la imaginaba en mi cama y hasta llegué a derramar lágrimas mientras, regañándome a mi misma por mi masoquismo, cerraba la ventana de su vida amorosa y navegaba en otros mundos. Envidia.
Hoy al sentir satisfacción maliciosa ante el dolor ajeno (me imagino que el de su pareja porque Putazo 3 ha regresado a ser una fucker lover andando otra vez) siento rico, bien rico. Sé que no soy la única. Placer grupal y silencioso, imagino. Su cuenta de correo debe estar a rebosar de mails, pero yo no enviaré el mío, hace meses que borré los suyos. Olvidar es mejor. Pero no olvidas cuando entras a escondidas para saber que vive, siente y ama o cuando pienso en ella y su vida mientras un taxi me transporta por avenida Leones un sábado en la tarde.
Hoy al sentir satisfacción maliciosa ante el dolor ajeno (me imagino que el de su pareja porque Putazo 3 ha regresado a ser una fucker lover andando otra vez) siento rico, bien rico. Sé que no soy la única. Placer grupal y silencioso, imagino. Su cuenta de correo debe estar a rebosar de mails, pero yo no enviaré el mío, hace meses que borré los suyos. Olvidar es mejor. Pero no olvidas cuando entras a escondidas para saber que vive, siente y ama o cuando pienso en ella y su vida mientras un taxi me transporta por avenida Leones un sábado en la tarde.
Si vuelven dolerá. Oh, maldito Internet.