jueves, 3 de noviembre de 2005

Dios Dictador


No leo la Biblia. La verdad nunca fue un libro que me interesara. Provengo de una familia católica, y se nos obligó a ir a misa todos los domingos en familia. Nunca me sentí cómoda en la iglesia, nunca mostré interés por el sermón que daban los padres. Crecí creyendo en un Dios egoísta y tirano, un Dios voluble y amargado, un Dios que jugaba con nosotros como sus títeres, que nos llamaba “sus criaturas”, y eso siempre me sonaba a personajes de distracción, a ratitas de laboratorio. Un Dios a quien no le gustaba que personas de sexos iguales se amaran con honestidad y ternura. Un Dios con el que había que sacrificar para lograr su admiración y respeto.

A los ocho años me metieron a catecismo, y le dije a la monja que Dios era una rata pues era parte de la creación. Fui criticada por ello. Sólo he comulgado dos veces en mi vida. Actualmente ese Dios dictador desapareció de mi existencia, no lo conozco y no sé nada de él, se quedó en sus templos. Creo en el ser amoroso, en la energía divina, en el polvo de estrellas, en algo que no tiene forma ni sexo, algo que sólo es, que existe, que crea y que ama. Dios esta frente al espejo todas las mañanas y me esta costando bastante conocerlo pero estoy aprendiendo a amar ese ritual. No leo la Biblia, gracias a Dios.