Digamos que el día de la semana que más detesto es el domingo, desde niña el domingo no es nada agradable. No hay nada que ver en la tele, no hay nada que escuchar en la radio que no haya escuchado ya. Lo único bueno es el periódico y eso a veces. No se me antoja leer, no se me antoja salir porque hay parejas en todos lados. La calle esta silenciosa como si todos estuvieran en un letargo. Y si por casualidad se me antoja salir, la sorpresa es que todos los lugares están llenos de gente, y las tiendas de mi interés cerradas a menos que no se encuentren dentro de un centro comercial.
Para la película de moda o de la que todos hablan no hay boletos y si los encuentras debes pelear por un buen lugar después de una larga fila. El domingo es tan fastidioso, y lo peor es que en domingo recuerdo sus llamadas que me hacían tan feliz y me cargaban la pila para enfrentar la semana. Las noches de domingo son pesadas, como si algo bueno se hubiera ido para no volver y uno debiera resignarse. No me gustan los domingos y creo que se nota.
Para la película de moda o de la que todos hablan no hay boletos y si los encuentras debes pelear por un buen lugar después de una larga fila. El domingo es tan fastidioso, y lo peor es que en domingo recuerdo sus llamadas que me hacían tan feliz y me cargaban la pila para enfrentar la semana. Las noches de domingo son pesadas, como si algo bueno se hubiera ido para no volver y uno debiera resignarse. No me gustan los domingos y creo que se nota.