jueves, 3 de julio de 2008

sucursal xxx

ya lo había tanteado pero la verdad me hacía mensa. El chico que atiende la farmacia que está frente a mi trabajo tiene un no sé qué, que terminó gustándome. No tiene mucho, cálculo que unos tres meses. Y al principio se me hacía “extraño” porque tiene la cara como de anime, unos ojos enormes que casi le abarcan la mitad de la cara; es peloncito y para disimularlo se rapa el poco cabello que le queda. Me mueven los extremos, siempre me han gustado los que se rapan y los de pelo largo, pero no metaleros, no, me gustan como el novio vividor de Shakira que se deja los cabellos suaves y sedosos resbalándole por las orejas. A veces sospecho que lo hace para minimizar los labios hiper carnosos al estilo Angelina Jolie que se carga. Pero, bueno, no es mi intención hablar del junior de la Rúa sino del tipo de la farmacia. El culpable de que me pasee por ahí bajo cualquier pretexto.
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no creo que tenga más de 30 años – y eso me viene perfecto- está un poco chaparro pero se ve bastante bien con esa bata blanca y esos ojazos bien delineados por sus cejas tupidas – otra de mis debilidades-. Ayer fuí a recargar tiempo aire y aproveché para hojear revistas cuando lo sorprendí viéndome. De inmediato disimuló, y los ojazos se desviaron hacia el kiosco kodak. Yo me sentí algo victoriosa, vanidá femenina, ya saben. Cuando le digo mi número no necesito repetirlo porque él, bien apresurado, ya lo está tecleando antes de que se lo repita. O sea que se lo sabe o qué? Confieso que la primera vez que lo vi me llamó la atención su mirada, porque algo muy en el fondo me dice que le gusta la pornografía, yo en esas cosas no me equivoco. Creo que tenemos algo en común.