sábado, 21 de junio de 2008

recapitulando

ha pasado ya el primer semestre en lo que va del año y aunque ha habido emociones muy determinantes creo que he aprendido más de mesura en estos meses que los años anteriores llenos de semanas y semanas, meses y meses. Noches de insomnio, otras de exceso de sueño, dramas, lágrimas y un sin fin de llamadas telefónicas de todo tipo y con toda gente. Recuerdo con exactitud aquella llamada en la que le suplicaba: “Llámame, llámame, llámame” llena de frustración al no poder explicar mejor mis argumentos un domingo a las tres de la mañana en la oscuridad de la habitación de la planta baja en donde duermo cuando es inverno. Ella llamó y nos quedamos platicando hasta que su voz de ser gritona y agitada pasó a ser casi un susurro agotado, sentimental y reflexivo. Yo quería tocarla pero, como siempre, hay cosas que la distancia marca y el teléfono no deja. El primer semestre del año y mis ganas tropiezan, caen y se levantan. Siempre se levantan.
-
el adiós definitivo a algo que yo creía renovable. Hay cosas que no son más y eso para rizoma siempre ha sido una lección de las grandes que está vez tuvo a bien pasar. Y simplemente lo único que queda es el optimismo y la idealización de lo que el presente construye y de lo que el futuro – ¿sanador?- repara. Sigo creyendo en cosas, cosas tan básicas como que el amor existe y sí, aún mueve el mundo. Seis hermosos meses en los que ahora me gusta llorar porque amo, me aman y porque no.