La madrugada de ayer tuve un sueño maravilloso. Fue tan lindo que me desperté de inmediato con una sensación tan dulce, equiparable a cuando te dan un beso con ternura. Segundos después sonó el despertador y minutos más tarde ya estaba en el parque haciendo las caminatas sabatinas. El momento fue divino, estaba amaneciendo, la luna llena arriba de nuestras cabezas contrastaba su color plateado con el azul rey de un cielo limpio mientras que en el horizonte el sol como una inmensa bola salía desde la superficie tiñendo todo de una nebulosa luz naranja. Esa belleza pocas veces sucede. Me he dado cuenta que las caminatas, más allá de una obsesión por la salud, el ejercicio aeróbico, y la disciplina deportiva se han convertido para mi un remanso de paz en medio del caos emocional en el que me veo envuelta comúnmente. Mañana y noche son los únicos momentos del día en los que puedo estar a solas con mis pensamientos, aclarar mis ideas (o intentarlo), y llenarme de energía positiva cuando dejo todos mis conflictos encerrados bajo llave en mi casa.
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A veces lo logro con éxito, camino visiblemente emocionada, otras simplemente camino intentando no regresar pronto. Así es la vida, supongo, subidas y bajadas. Según los aparatos médicos la persona está muerta cuando su línea, en la pantalla, es recta, sin emoción alguna. En septiembre cumplí un año de hacer caminatas al parque, antes solamente era al amanecer (literalmente, comenzando con cielo oscuro y terminando con luz solar) ahora también son al anochecer, las nocturnas han resultado muy poéticas, sobre todo en octubre. Lo malo es que termino bien jodida y me duermo muy temprano. Irónicamente desde que camino como zombi con otros zombis dando vueltas y vueltas al parque; mi espiritualidad ha aumentado, tengo un concepto más lindo de Dios, de hecho, se hizo femenino y mi vida ha mejorado notablemente. Sigo maldiciendo lo que está mal pero ahora es más que nada con mucho humor -tragicomedia-, más que con la rabia con la que lo hacía antes.
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He notado que los árboles son muy chidos, son bonitos, alegres, nobles, siempre están ahí sin decir nada a pesar de que a nosotros nos vale madre, los vemos como mero adorno y no valoramos su existencia. Seguramente los seres que los cuidan han de estar bien cansados de nosotros, nuestra arrogancia y egoísmo. Se va a leer bien hippie pero me vale... yo tengo mi árbol favorito y cada que termina mi sesión de caminoterapia me beso la palma de la mano izquierda y le planto el beso al tronco de mi árbol favorito que según mi mente mágica tiene comunicación con los demás y les manda el beso. Se ve más natural y discreto (y es dulce y emotivo, me siento niñita de 5 cuando lo hago) que si anduviera ahí besando el árbol delante de todos. Ja,ja,ja porque tampoco se trata de abrazar un árbol con hormigas incluidas como una amiga cree. No, eso ya es opción personal, :p
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He notado que los árboles son muy chidos, son bonitos, alegres, nobles, siempre están ahí sin decir nada a pesar de que a nosotros nos vale madre, los vemos como mero adorno y no valoramos su existencia. Seguramente los seres que los cuidan han de estar bien cansados de nosotros, nuestra arrogancia y egoísmo. Se va a leer bien hippie pero me vale... yo tengo mi árbol favorito y cada que termina mi sesión de caminoterapia me beso la palma de la mano izquierda y le planto el beso al tronco de mi árbol favorito que según mi mente mágica tiene comunicación con los demás y les manda el beso. Se ve más natural y discreto (y es dulce y emotivo, me siento niñita de 5 cuando lo hago) que si anduviera ahí besando el árbol delante de todos. Ja,ja,ja porque tampoco se trata de abrazar un árbol con hormigas incluidas como una amiga cree. No, eso ya es opción personal, :p
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Mis compañeros de ruta (y de horario pues, como en todo, se hacen grupitos) y yo ya nos conocemos y nos damos los buenos días y tardes de manera cordial y optimista. He aprendido a ser observadora y al verlos ya intuyo cuando andan alegres, preocupados, pensativos, o estresados. Quizá ellos también ya me leen a mi. Mi más amiga es una señora que lleva a su perrito en una correa. Ella siempre es muy alegre con gran sonrisa, menuda, chaparrita y algo grande de edad. Y tiene la peculiaridad de que va en sentido contrario así que siempre nos topamos de frente y nos vemos a los ojos mientras nos saludamos. Algo que no pasa con los demás. Me agrada por el simple hecho de hacer las cosas distintas. Y cuando no la veo resiento su ausencia.. le pasa lo mismo. Al caminar también se hacen lazos.
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