sábado, 20 de octubre de 2007

Mandé todo a la chingada

Ayer mandé todo a la chingada y me largué gran parte del día a la FIL a comprar libros. Año tras año lo había hecho el 16 de octubre y cosas muy chidas ocurrían pero ahora no pude el 16 y no ocurrieron cosas chidas :( De hecho estaba muy desangelada porque me cambiaron un poco la distribución de los stands y pendejaditas de esas me afectan bastante porque tengo cosas muy registradas en mi memoria. Me dio un ataque compulsivo y me gasté una fortuna en todos los libros que en años anteriores quería comprar. Aunque básicamente fui por un autor inglés que nada más lo encuentro ahí cada año porque se batalla un chingo para encontrarlo. Siempre me encuentro gente interesante y ahora no me encontré a nadie, oh, miento, vi a un escritor local pero; bah, no es tan importante. Quizás debería de haber ido en domingo pero ¡qué flojera! hay un mundo de gente, es agobiante. Quizás Aterciopelados debió de haber venido para acá, pero bah, no tenemos ese nivel y es oficial que después de ese descaro e ingratitud ya no lo nos quiero y Andrea Echeverri se merece una de mis mejores cachetadas nada más por hacerme eso.
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Y claro, ahí estoy yo de pendeja comprando los discos, ¿verdad? Con el dolor de mi corazón tuve que dejar en su lugar el diario de Andy Warhol de Ed. Anagrama que se veía muy bueno. Es un ladrillo como de unas cuatrocientas páginas y a como pude hojear el Andy escribía todos los días. Leí dos que tres cosas y me estaba gustando ( y encariñando también) por lo que cerrando los ojos lo dejé en su lugar lanzando un suspiro de esos que dicen: “Algún día será” porque no se ajustaba a mi presupuesto y porque me esperaba en otro stand el de Lucía Exebarria que toda la vida he querido y pues primero hay prioridades. Mi botín fueron dos narrativas, tres biografías, y tres libros psicoespirituales.

Y nada más faltó el diario porque yo soy bien fan de los diarios, de los míos y de los de otros. Creo que esa es la razón principal por la que me encantan los blogs, porque son casi, casi los diarios de personas a quien no tengo el gusto de conocer. Y todos tenemos nuestra propia novela, nuestra trama, nuestros enredos, personajes, situaciones, etc. Cuando un blog cierra sí es motivo de tristeza porque me encariño a esa historia. Y cuando dejan de escribir pero su historia me gustó mucho suelo perseguirlos por mail, afortunadamente, algunas personas me siguen dando entrada en su vida. ¡Vivan los diarios!