sábado, 11 de agosto de 2007

La hora del mariconeo

Ayer fue un día muy largo. Me fue relativamente bien en una cosa que tenía pendiente. Fui a un encuentro de escritores jóvenes del que ya me estoy haciendo asidua cada año, aunque siempre sea lo mismo, siempre la misma pretensión, las mismas caras, hasta los mismos textos. Y aunque lo disfrazan de otra cosa “más alternativa” los escritos delatan un complejo provinciano, o sea, en los tres años consecutivos la cosa es chingar con la expresión de que "somos fronterizos y tenemos otras influencias." Orgullosos de considerarse indie escritores cuando yo sé que varios de ahí en sus sueños más ambiciosos quisieran ser firmados por Alfaguara y pertenecer al mainstream del que tanto se quejan. No me engañan. Yo, humildemente admito que, sólo quiero ser chica Urano :) No soy pretenciosa, jaja, ó chica Ediciones B. Creo que su pretensión es lo que me divierte.
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Pero la confrontación del post no es esa, sino que se trata de mi décimo-octava-ene-mil revelación sentimental. Y es que ayer por la noche me puse un poquito sentimental. Ay, si les pudiera contar el pedo emocional por el que estoy pasando, pero no puedo, es demasiado personal para desnudarlo ante ustedes. Lo que ocurrió es que ayer extrañé muchas cosas (y ya sé que extrañar no es bueno) pero sobre todo extrañé reírme, reírme hasta llorar, sonreír, alegrarme, emocionarme estupidamente, contar lo que me pasa y reírme de eso. Y lamentablemente son cosas y actitudes que me recuerdan sólo a una persona en mi vida.
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Y me puse a pensar un chingo de cosas, intentando poner buena cara, me pase escuchando “Empiezo a recordarte” (risas irónicas) ya sé que es patético pero me estoy exorcizando de ese sentimiento y esa es la utilidad de un blog, la rapidez de un teclado, si estuviera escribiendo a pulso ya me hubiera detenido a recordar más. Cuando escribes rápido, como ahora, no te das el lujo de detenerte a analizar, escribes incesante, dictado automático, tratas de no leer, y das publicar. ¡Fácil! Pero en el corazón las maniobras son distintas. No son fáciles. Quizás en dos días o una semana relea este escrito (y me percate de las faltas de ortografía que de momento se me pasan) para meditar en el momento por el que pasaba. Pero hoy no quiero meditar en nada. Sólo quiero liberar este sentimentalismo, concluir mi monologo insistente. Hoy estoy pagando la deuda de lo que las mujeres llamamos periodo y nos pone así, frágiles, cursis, vulnerables. Algunas experimentan dolor estomacal, yo siempre experimento lágrimas y no necesariamente de dolor; hoy, por ejemplo, lloré de agradecimiento, ja,ja fue bien extraño nunca había llorado de agradecimiento. Quizás algún día libre este diálogo, este momento interior por el que paso y cuente de qué se trataba, pero hoy, hoy me identifico ampliamente con el séptimo sello, hay un personaje sombrío que disfruta cuestionándome, probándome.