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Y lo peor el niño, todo emocionado, me contesta que sí que le habían comprado libros nuevos y mochila pero uniforme nuevo no porque no había dinero (ups) que ya quería regresar, que tenía 7 años, que iba a segundo, que su mami le iba a forrar los libros de lustrina amarilla porque las niñas eran de naranja, que su maestra era la misma que en primero. - Ah, nooo, eso es trampa- le dije-. Es muy aburrido tener la misma maestra, se debe tener maestra nueva en cada año. Y el niño se quedo meditando como si yo le hubiera dicho que su escuela era chafa y no debatió nada. Así que me puse más sensible todavía y versamos el tema en torno a las caricaturas. Le hable de Powers Rangers Fuerza Mística y que yo era el rojo, y luego hablamos de Powers Rangers Fuerza Trueno, y que yo era la de rosa y de todos los derivados de Powers Rangers y de los Padrinos Mágicos, y otras caricaturas de su generación, bien al tú por tú la cosa. Hasta que salió su mamá y se fueron.
Pero me dio ternura porque en la infancia yo era así. Por ser la menor yo era la que acompañaba a mi mamá a todas sus visitas con la dentista, el estilista, el modista, la psicóloga de mi hermano, yo siempre estaba en la sala de espera de algún lugar platicando con mi mamá. Me sentía como con la responsabilidad de cuidarla y protegerla. Creo que no fuí tan niña como debería de haberlo sido, siempre fui más una pequeña adulta. Y a diferencia de ese niño YO SÍ odiaba la escuela, el inicio de ciclo escolar siempre era el día más triste de mi vida y todo eso de los libros nuevos, los forros, el uniforme nuevo, la mochila, los zapatos, nunca me dio emoción, más bien me daban nauseas. Es que en la escuela nunca encajaba, yo no me identificaba para nada con las niñas de mi edad, le hablaba a algunas por hablarle a alguien pero casi siempre andaba sola. Tuve amigas de verdad hasta 5to. año. Nunca me gustaron las barbies y su estúpida frivolidad, yo prefería los carritos, las pelotas y los playmobil porque podías ejercitar la imaginación más chido con eso que con una barbie. La escuela para mi sí fue un horror. Siempre que es esta temporada y los papás andan preocupados por los útiles de los niños agradezco no tener hijos porque odio todo eso, y el sólo hecho de hacer esas compras sería un horrendo flashback a mi infancia y eso, gracias a Dios y a la virgen, ya es prueba superada.
