Yo digo que sí existe algo parecido a la telepatía, a la frecuencia común de dos personas sin saberlo. La semana pasada me acordé mucho de los juguetes Playmobil -porque aunque injustamente siempre se le relacionaron más a los niños de género masculino- a mí siempre me llamaban mucho la atención. Porque, jugar al playmobil, era jugar a algo más real. Tenían todas las profesiones habidas y por haber y sus accesorios eran muy reales, a escala y de niña siempre me impresionaba mucho todo lo que era a escala. La temática era que compraras todo lo posible para tener una gran ciudad en tu recamara y eso también me gustaba mucho. Nunca tuve un playmobil. A mi hermano mayor, carente de imaginación, nunca le gustó eso y a mi me daba pena pedirle “a Santa” un juguete para niños.
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Pero el hermano de mi mejor amiga sí tenía bastantes y como yo era la mayor entre nosotras siempre terminábamos dejando sus barbies a un lado para adoptar a los playmobil. Bueno, el caso es que mientras que yo divagaba en torno al juguete alguien más lo hacía. Tengo comunicación esporádicamente con él vía mail. Creo que soy una de las pocas personas que tiene afinidad con lo que siente. Casi siempre escribe algo que yo tenía pensado escribir y por lo visto leemos lo mismo. A veces se complica un poco conservar la felicidad aunque uno se esfuerce en encontrarla. He andado muy emotiva y perdida. Hay días en los que no tengo claro nada y el medio ambiente me bajonea. Y de pronto caigo en la cuenta de que insisto en cosas en las que ya no debería insistir y que el hecho de cerrar ciclos sigue sin salirme bien, es como una ecuación trigonométrica de las más cabronas, como si me pasaran al pizarron y estuviera haciendo el ridículo ante todos. Por ejemplo, el domingo pasado en lugar de asistir a una de las misas de X, salí de la iglesia y me sorprendí caminando hacia la casa de una ex novia que vivía en ese rumbo.
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Y claro, mientras caminaba yo decía: ¿Por qué? ¿Por qué lo haces? Pero el corazón tiene razones que la razón desconoce y es cierto. Al entrar a la calle las piernitas me temblaban, trate de mantener la cordura pero al llegar a su casa OH, DECEPCION! ya no había nadie, nadie vivía ahí y en la puerta había un inmenso candado. Contuve la respiración, okay, yo era responsable de ese triste momento por aventurarme a escarbar en el pasado. Pero la imagen del candado fue lo más doloroso, casi como una metáfora a que hay cosas bien cerradas que ya no se abrirán. Perdí toda comunicación con ella, como suele suceder que siempre termino perdiendo a la mayoría de mis inspiraciones. Y lo peor es que May… si era alguien bien interesante, uno de mis grandes amores. Cabello rosa, hablar agitado, hiperactividad, risas, risas, súuuper original, contemporánea y mucha desfachatez, siempre me marcan aspectos que sólo tienen el 5% de las mujeres del mundo. Y no sé ni por qué ahora estoy escribiendo de May… les digo, no sé donde traigo la cabeza o quizás lo que quiero es evadirme y el pasado siempre es buen estimulante para hacerlo. El caso es que desde esta semana siento como sí hubiera muchas cosas en mi vida que necesitan un candado pero no tengo candados que poner.
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Y claro, mientras caminaba yo decía: ¿Por qué? ¿Por qué lo haces? Pero el corazón tiene razones que la razón desconoce y es cierto. Al entrar a la calle las piernitas me temblaban, trate de mantener la cordura pero al llegar a su casa OH, DECEPCION! ya no había nadie, nadie vivía ahí y en la puerta había un inmenso candado. Contuve la respiración, okay, yo era responsable de ese triste momento por aventurarme a escarbar en el pasado. Pero la imagen del candado fue lo más doloroso, casi como una metáfora a que hay cosas bien cerradas que ya no se abrirán. Perdí toda comunicación con ella, como suele suceder que siempre termino perdiendo a la mayoría de mis inspiraciones. Y lo peor es que May… si era alguien bien interesante, uno de mis grandes amores. Cabello rosa, hablar agitado, hiperactividad, risas, risas, súuuper original, contemporánea y mucha desfachatez, siempre me marcan aspectos que sólo tienen el 5% de las mujeres del mundo. Y no sé ni por qué ahora estoy escribiendo de May… les digo, no sé donde traigo la cabeza o quizás lo que quiero es evadirme y el pasado siempre es buen estimulante para hacerlo. El caso es que desde esta semana siento como sí hubiera muchas cosas en mi vida que necesitan un candado pero no tengo candados que poner.-
Yo sospecho, aseguro, que ella ya no vive aquí.
Alguna de las dos tenía que lograrlo.
Aunque yo todavía siga buscando el exilio a un lugar lejano para renovarme y sentir la nostalgia de lo que se deja atrás pero que en el fondo agradeces dejar atrás.
Y ya mandé a la goma a la ZX, no hay más ciego que quien no quiere ver.
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