martes, 11 de diciembre de 2007

Luces en la ciudad

Diciembre es un mes que me produce insatisfacción (y no sólo a mi lo he comprobado) porque por un lado ya nadie se traga esos cuentos de viva la navidad, viva la familia, dar amor, paz, bla, bla, bla y por otro cierto tipo de personas como yo nos sentimos solos en ésta época del año. Creo que nos dicen grinch. Yo soy bien grinch. El caso es que lo único que me gusta de diciembre es la luminosidad de la calle, negocios y casas. Ver los lugares iluminados, pues, no sé, es agradable.
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La fachada de mi casa parece una sucursal del Moulin Rouge en tonos rojos y blancos y un santa clós que saluda nada más con acercarte a la puerta. La casa del vecino de enfrente parece una carpa del circo Ataide, porque creo que no le importó el hecho de que unas luces no hacen juego con los colores y el movimiento de otras, creo que a él lo que le importaba era colgar y colgar series en donde hubiera espacio tapizando todo aquello de una iluminación folklórica.
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En cambio la casa del vecino nena parece un parque de diversiones con una docena de monos inflados y a escala que se mueven en todas direcciones, eso sí, las luces super bien coordinadas y los colores bien cuidados. Hay casas que parecen hasta pasteles, hay otras en las que no hay ni una noche buena (en un futuro así será la mía) pero como quiera es agradable contagiarse de esa “emoción” por lo menos los días antes del 24 porque ya después da tristeza, oh, una año más que se va, oh, el familiar que ya no está. Etc. Hoy escuché ése villancico de todos los años que escuchaba cuando tenía 13 porque lo pasaban un chingo en el canal de Golden Choice en la matinée de los sábados. Es el que dice que Mamacita dónde está Santa Clós, y luego dice unos nombres de chavitas para que se despierten y rematan con un Olé, Olé, Olé! Jajaja es algo así como una rumba, está bien chistoso.