jueves, 20 de diciembre de 2007

I got the power

Tan sencillo como eso, uno es siempre el que tiene el poder de decidir como se siente ante cualquier circunstancia. Lo más fácil del mundo es tomarlo a mal, mentar madres, rayársela, o pagarle con el mismo ojo. Pero, vamos, es un juego de nunca acabar y un juego de idiotas. Y en estos momentos de nuestra existencia necesitamos otra actitud, tratarnos bien, darnos afecto. Y todo esto viene a colación porque si algo he estado aprendiendo en estos últimos meses y lo aprenderé en los que siguen (mi año natal que es el que me importa apenas va a la mitad, todavía tengo chance de cumplir dos objetivos) es a manifestar mis sentimientos y es que me cuesta un ovario y la mitad de otro decir lo que siento por las personas, abrir mi corazón, quitarme la armadura. Decir te quiero se me hace complicado. Quizás porque a mi raras veces me lo han dicho en toda mi vida, entonces no pidamos peras al olmo.

Y cuando lo hago y la gente no me responde como yo espero me emputa y me siento tonta, como si le hubiera hecho divertido el día a alguien. Algo así. O si dices lo bueno, malo y lo no tan malo resulta que eres mala amiga. En qué materia entra eso, ¿Educación sentimental? ¿Inteligencia emocional? ¿Putadas y patadas? Lo peor es que no sé que hacer cuando me emputo y eso es precisamente lo que me molesta porque soy un volcán y lo jodo todo en válgame Dios, ¡tres patadas!