El último capitulo de “Hechos acontecidos durante el curso” se cerró con broche de oro. Pasé la mayor parte del viernes admirando la belleza de Perfil hermoso, sabía que eran las últimas horas que me quedaban para deleitarme así, por lo que no desperdicié ni un segundo. A la hora de la comida caminé con un grupo de compañeras hacia el elevador, entramos, y quedamos apretadas cuando; antes de cerrarse la puerta entró él, agitado, intentando buscar espacio y “milagrosamente cupo”. Para mi deleite quedó justo delante de mí, de espaldas y el elevador era muy lento. Su trasero no era la octava maravilla – o sea obviamente ya me había fijado en esas cualidades desde hacía muchos días- pero su espalda era de lo más sexy, ancha, varonil, fuerte. ¡Que ganas de abrazarlo por detrás!, (¿estaría acostumbrado a eso? Jajaja) y que ganas de que se fuera la luz, el elevador se detuviera e hiciera realidad la fantasía típica de faje en la oscuridad.
En la tarde no tuve tiempo de observarlo porque hicimos una dinámica de diseñar un reportaje de revista de 5 páginas, y prácticamente en mi equipo sólo trabajamos una compañera y yo por lo que más que verlo a él me la pasé cortando fotos, buscando textos, y midiendo hojas. Al finalizar la jornada salí toda presurosa porque estaba lloviendo y la ciudad es un verdadero desmadre en lluvias. Cuando uno tiene prisa no se fija con quien camina, así que me di cuenta de que el estaba a mi lado hasta que nos quedamos juntos esperando el elevador que tardaba una eternidad en subir. Fue un momento sublime tenerlo ahí para mi solita, lo miraba con disimulo mientras contemplaba la idea de decir algo para por lo menos escuchar su voz. Nuestra intimidad la disolvió una de las chicas góticas – la que me cayó súper bien- quien llegó justo cuando se estaba abriendo la puerta y yo, damallerosa como soy, metí la mano para que alcanzara a subir y acompañarnos. Fue ella la que rompió el silencio una vez que estábamos, los tres, encerrados en el piso 8. Que mejor conversación que hablar mal de los foráneos. Jaja.
Ella: Bah, lo que quiero es irme.
Perfil hermoso volteó a vernos sonriendo.
Yo: Sí, ellos que cómodos como están hospedados pueden webear todo lo que les venga en gana. Nosotros en cambio tenemos que salir a desafiar la lluvia.
Ella: Sí, jajaja. Maldita ciudad.
Entonces, Perfil hermoso intercedió:
-Yo lo que quiero es llegar y dormirme.
Pero me lo dijo a mí, me estaba mirando, yo me sentí como la fan que casi se desmaya porque el artista le ha dedicado un poco de su tiempo. Perfil hermoso seguía hablando de que se le iban a mojar su pertenecías o algo así; no recuerdo bien porque yo estaba más que nada concentrada en sus ojos que de verdad eran hermosos, ¡y si los tenia claros! Y esa sonrisa, uff, esa sonrisa espectacular iba dirigida solo para mi!! Aquello era la gloria, además, tenía una voz muy varonil, ronca, bonita. Todo en él era bonito. Se abrió la puerta nos despedimos y básicamente me despedí de él mentalmente porque sé que lo más probable es que no lo vuelva a ver. Por desgracia me di cuenta hasta el último momento de que no era mamón, era tímido. ¡Tímido! ¡Tímido! De esas personas que necesitan que primero hables tú para que empiecen a contarte su vida. ¡De haberlo sabido antes, chigados! Me dio tristeza, no lo voy a negar, porque es la primera vez en mucho tiempo que un hombre me gusta tanto, tanto, tanto. Estoy como en una pinche comedia romántica, me gustó locamente un chavo del que no sé nada, ni siquiera su nombre, sólo que tiene el perfil más hermoso que he visto en años. Si él hubiera sido foráneo sería más sencillo renunciar a su pensamiento pero me inquieta la idea de saber que vive aquí y que compartimos tierra, costumbres, gastronomía, clima y calles. Y que lo más probable es que no lo vuelva a ver. Bueno, al menos me dedicó una sonrisa y unas palabras... bien lo dice la canción, uno nunca se va con las manos vacías.