Continúan los sueños. Pero los sueños cachondos han dado paso las historias surrealistas que hace tiempo no soñaba. Soñé la historia de un señor grande que estaba loco y sólo confiaba en un perro, pero el señor tramaba hacer algo malo y morboso. Lo bueno del sueño es que era animado, esa animación extraña donde las personas aparecen como pixeleadas los colores se mueven y crean manchas. Visualmente era bueno y emocionalmente me intrigaba tanto que me molestó despertar porque la historia comenzaba a cobrar forma y misterio. Cerca de donde trabajo hay una Casa de Empeño que siempre saca sus bocinas escandalosas con música de mal gusto y reggeatonera para animar a posibles compradores a entrar.
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A veces el volumen es aceptable y otras veces tan desesperante que tengo que cerrar la puerta e impedir que mi espacio se llene de ese vicio auditivo que no me deja concentrarme y me pone de malas. Bueno, pues creo firmemente – lo sostengo- que una de las empleadas o uno de los empleados está enamorado (a) porque ya van tres días seguidos en los que la canción de “Mi historia entre tus dedos” de Gianluca Gringnani suena ¡hasta cuatro veces seguidas! La primera vez lo toleré y hasta me entró la nostalgia porque siempre que escucho esa canción me remonto a mi época de prepa con mis amigos afuera de la Facultad de Artes Visuales de la Uni pidiendo informes sobre el plan de estudios ( yo en aquel entonces quería ser artista plástica) A plenas dos de la tarde nos detuvimos en una cafetería rustica que estaba cerca y sonaba esa canción. Lo curioso es que esa cafeta tenía como parte de la decoración un pantalón de mezclilla inmenso, como de talla 60, lleno de firmas por todos lados. Yo me preguntaba de quién habría sido y cuál era la intención de ponerlo ahí cuando ni al caso, hasta se te quitaban las ganas de comer, qué extraño sentido del humor. Desde entonces siempre que escucho la maldita canción vienen a mi mente dos imágenes: una coca cola sobre la mesa en medio de ese calor insoportable de verano, contagiada con la risa de mis amigos y el inmenso pantalón de mezclilla que, impresionada, no dejaba de observar.
Hoy él/la enamorado (a) de la casa de Empeño me torturó una y otra vez con esa canción que no es de mis favoritas mientras en mi cabeza aparece insistente la imagen del pantalón talla 60. ¡Qué cosas graba la mente! Ya lleva dos días así, también pone una de Alejandro Sanz pero el toque desesperante lo dan Los Cardenales con una canción que en su coro dice “Tengo un corazón tan terco” parte que me parece cómica y hasta delatora porque, sí, Cardenales, ella/él también sufre ese mal. Hasta yo, quizás. Es aquí donde el tema de la ecología debería tomar más interés porque eso no es ecológico. Plis, no ambientes musicalmente afuera de tu negocio y si quieres mariconear de amor mejor ponte unos audífonos y piensa en los demás.
Hoy él/la enamorado (a) de la casa de Empeño me torturó una y otra vez con esa canción que no es de mis favoritas mientras en mi cabeza aparece insistente la imagen del pantalón talla 60. ¡Qué cosas graba la mente! Ya lleva dos días así, también pone una de Alejandro Sanz pero el toque desesperante lo dan Los Cardenales con una canción que en su coro dice “Tengo un corazón tan terco” parte que me parece cómica y hasta delatora porque, sí, Cardenales, ella/él también sufre ese mal. Hasta yo, quizás. Es aquí donde el tema de la ecología debería tomar más interés porque eso no es ecológico. Plis, no ambientes musicalmente afuera de tu negocio y si quieres mariconear de amor mejor ponte unos audífonos y piensa en los demás.