Tengo cabeza de teflón, jamás podré ser una sabionda, leo algo y no miento si digo que al tercer día ya batallo para recordar de qué trataba, digamos que se me dificulta la retención a largo plazo, por lo que no domino nada pero sí pretendo saber un poco de todo. Alabadas esas personas con conocimientos varios que hacen sentir a una bien cómoda. Como es el caso de Mayela, una doctora a la que sólo he tratado un par de veces pero siempre que converso con ella me quedo con una sensación riquísisisisma. Es más chica que yo, calida, educada, atenta, inteligente, sabe escuchar y dice cosas interesantes, ha viajado mucho por el país y cuenta cosas lindas de México. Y a mi todo lo que son crónicas de viaje me interesan mucho, es agradable encontrarse con gente que ha conocido lugares y hace que te los imagines. Es chido encontrarse con gente así de agradable.
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Recordaba hoy en la mañana a una amiga de la prepa que pecaba de ser exageradamente ingenua, pero en exageración. Su familia era de escasos recursos, ella estaba becada, su papá creo que trabajaba en una fábrica y la mamá cuidaba a sus hijos en la casa donde vendían bollos (bolitas de hielo con sabores) y tostadas. Nos hicimos amigas por puritita casualidad. Creo que un día se sentó atrás de mí y ahí se quedó todo el semestre, ella era muy buena para las matemáticas, física y química, hecho que la convirtió en mi oasis en el desierto. Siempre que nos íbamos a la biblioteca a estudiar, yo, salvaje y ansiosa le separaba un lugar justo al lado mío. A veces la miraba con una admiración terca, como si ella tuviera la sabiduría infinita por entenderle a las ecuaciones y otras, en verdad, porque me hacía reir al no entender ninguna de mis bromas, siempre he sido morbosa, caliente, insistente, picarona pero ella no atinaba ni una, nada, era un caso especial.
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Un día entramos a una farmacia acompañando a un amigo, comenzamos a ver cosas cuando en eso tomé unos condones del mostrador y con ojos coquetos le dije: “¿No quieres unos? yo te los pago” Me miró y se rió dándome una palmada en el brazo, yo creí que había entendido, e insistí: “Ándale, es más.. toma unos de sabores, te gustarán jaja jojojo” mientras ella continuaba riéndose. En eso llegó nuestro amigo y nos siguió la broma; cuando él se fue a la caja a pagar lo suyo, yo permanecía viendo rimels (sic) cuando Gloria vino hacia mi y con voz bajita me dijo: “¿Qué es esto?” yo le dije que eran rimels pero ella me enseñó el condón. Yo la miré asombrada, en su cara se notaba que no era broma, le pregunté de nuevo por si, mensa como suelo ser, no le había entendido bien y me confirmó que no sabía de qué habíamos estado hablando. Así que le expliqué qué era un condón a una chava de casi 18 años. Mientras caminaba a mi casa, al principio me dio risa, luego me dio ternura, luego mucha preocupación porque Gloria era un blanco súper fácil para cualquier macho vividor, la pobre no sabía de maldad, de reglas sociales, de perrada. Cuando salimos de prepa ella no tenía planes para continuar estudiando porque no había dinero para una universidad así que iba a una fábrica. Hasta la fecha cuando pienso en ella lo hago con ternura y algo de pena. En realidad era una chica muy linda, y muy inteligente que me imagino terminó con todas sus potencialidades enterradas en una casa de bajos recursos llena de hijos y con un marido controlador. Deseo en verdad equivocarme.
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Recordaba hoy en la mañana a una amiga de la prepa que pecaba de ser exageradamente ingenua, pero en exageración. Su familia era de escasos recursos, ella estaba becada, su papá creo que trabajaba en una fábrica y la mamá cuidaba a sus hijos en la casa donde vendían bollos (bolitas de hielo con sabores) y tostadas. Nos hicimos amigas por puritita casualidad. Creo que un día se sentó atrás de mí y ahí se quedó todo el semestre, ella era muy buena para las matemáticas, física y química, hecho que la convirtió en mi oasis en el desierto. Siempre que nos íbamos a la biblioteca a estudiar, yo, salvaje y ansiosa le separaba un lugar justo al lado mío. A veces la miraba con una admiración terca, como si ella tuviera la sabiduría infinita por entenderle a las ecuaciones y otras, en verdad, porque me hacía reir al no entender ninguna de mis bromas, siempre he sido morbosa, caliente, insistente, picarona pero ella no atinaba ni una, nada, era un caso especial.
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Un día entramos a una farmacia acompañando a un amigo, comenzamos a ver cosas cuando en eso tomé unos condones del mostrador y con ojos coquetos le dije: “¿No quieres unos? yo te los pago” Me miró y se rió dándome una palmada en el brazo, yo creí que había entendido, e insistí: “Ándale, es más.. toma unos de sabores, te gustarán jaja jojojo” mientras ella continuaba riéndose. En eso llegó nuestro amigo y nos siguió la broma; cuando él se fue a la caja a pagar lo suyo, yo permanecía viendo rimels (sic) cuando Gloria vino hacia mi y con voz bajita me dijo: “¿Qué es esto?” yo le dije que eran rimels pero ella me enseñó el condón. Yo la miré asombrada, en su cara se notaba que no era broma, le pregunté de nuevo por si, mensa como suelo ser, no le había entendido bien y me confirmó que no sabía de qué habíamos estado hablando. Así que le expliqué qué era un condón a una chava de casi 18 años. Mientras caminaba a mi casa, al principio me dio risa, luego me dio ternura, luego mucha preocupación porque Gloria era un blanco súper fácil para cualquier macho vividor, la pobre no sabía de maldad, de reglas sociales, de perrada. Cuando salimos de prepa ella no tenía planes para continuar estudiando porque no había dinero para una universidad así que iba a una fábrica. Hasta la fecha cuando pienso en ella lo hago con ternura y algo de pena. En realidad era una chica muy linda, y muy inteligente que me imagino terminó con todas sus potencialidades enterradas en una casa de bajos recursos llena de hijos y con un marido controlador. Deseo en verdad equivocarme.