Tuve una maestra loca que se llamaba Lucy. Recuerdo que tenía ojos azules grandes, cabello corto y ondulado. Su voz era chillona hasta el cansancio. Los niños se burlaban de ella, media escuela sabía que estaba trastornada.
Yo muchas veces pude haberme reído con ellos, hacer coro, y seguir la broma. Pero algo pasaba, esa maestra me intrigaba. ¿Por qué estara así tan desubicada?- me pregunté muchas veces. Y lo que era peor, ¿por qué la dejaban dar clase? No tenía paciencia para enseñar, nos amenazaba con hincarnos sobre corcholatas de refresco [obviamente con las puntas hacia arriba] si no terminábamos las actividades a tiempo. Cuando los niños hiperactivos que hay en todos los salones aventaban papeles a la ventana Lucy decía que iban a quebrar en vidrio… y las carcajadas no paraban. A mi me humilló en dos ocasiones porque no supe hacer la prueba de una multiplicación, y años después lo superé en terapia [es cierto, je, je] ya que le heché la culpa a ella de no ser buena para los números los años restantes, je,je :p. Lucy estaba loca, pero seguía ahí.
Yo muchas veces pude haberme reído con ellos, hacer coro, y seguir la broma. Pero algo pasaba, esa maestra me intrigaba. ¿Por qué estara así tan desubicada?- me pregunté muchas veces. Y lo que era peor, ¿por qué la dejaban dar clase? No tenía paciencia para enseñar, nos amenazaba con hincarnos sobre corcholatas de refresco [obviamente con las puntas hacia arriba] si no terminábamos las actividades a tiempo. Cuando los niños hiperactivos que hay en todos los salones aventaban papeles a la ventana Lucy decía que iban a quebrar en vidrio… y las carcajadas no paraban. A mi me humilló en dos ocasiones porque no supe hacer la prueba de una multiplicación, y años después lo superé en terapia [es cierto, je, je] ya que le heché la culpa a ella de no ser buena para los números los años restantes, je,je :p. Lucy estaba loca, pero seguía ahí.
Tenía unas hijas gemelas que eran señaladas en la escuela por ser las hijas de Lucy. Siempre las compadecí. Un día hace dos años caminaba por un parque cercano a mi casa y a lo lejos vi que una mujer llena de canas, en ropas maltrechas, y con kilos de más hablaba sola en una banca de una manera exagerada. Al acercarme me di cuenta de que era Lucy, y parecía completamente loca pero sucedió algo extraño. Cuando pase a su lado, decidí dejar mi temor de niña y la miré a los ojos, como enfrentándola. Lucy respondió a mi mirada y me dijo: “Hola, ¿Cómo estas?” (¡!) Lucy me reconoció, lo supe por esa mirada peculiar y ese terrorífico saludo pero yo no quise reconocerla a ella.