lunes, 19 de diciembre de 2005

¡Es injusto!

En días pasados estaba en la cocina de mi casa acompañada por mi hermana y después de comer se suscitó una acalorada discusión sobre el tema de la homosexualidad. Y pues ella una vez más despotricó comentarios muy homofobos como dándome a entender que ella ni loca aceptará mi condición, que somos lo peor, que no somos normales, que no esta en la Biblia, que no podemos formar familia [no sé si se ha dado cuenta de que soy mujer y anatómicamente tengo la capacidad de ser madre en el momento que quiera igual que ella] bueno, casi, casi la onda era quémenos a fuego lento por existir.


Y la verdad me dio risa y le debatí todo con la tranquilidad que me caracteriza. No hablé de más porque ya no lo veo necesario y creo que mis comentarios fueron tan acertados que en un momento ya no supo decirme más. Y más que coraje me da pena que estemos en el 2005, que vayamos para el 2006 y ese tipo de pensamiento tan arcaico siga existiendo. Yo me considero una persona preparada, tengo estudios, soy inteligente, soy creativa, soy espiritual, soy honesta, soy buena ciudadana, soy responsable, educada, respetuosa, amigable, y muchas otras cosas y también soy bisexual, soy gay, y aunque la gente no lo sabe me tratan con respeto y cariño y me parece absurdo que todo ese cambia el día en que alguien decide decir de quien se ha enamorado.


Porque para mí la homosexualidad no es una cama ni lo que se hace en ella, es una forma de amar, de compartir sentimientos, de disfrutar la vida, es lo que vemos en la persona de quien nos enamoramos, lo que vemos en su totalidad, no en el sexo que representa. A mi eso de los sexos me importa muy poco, me gusta una persona por todo lo que es sin importar su sexo. Yo soy un conjunto de muchas cosas, en mi se encuentran muchos valores y sí, además soy gay, no nada más soy gay [como les gusta etiquetar] soy muchas cosas más que eso. Pero desafortunadamente la gente no lo ve así, cuando se enteran de tu homosexualidad dejas de ser un universo de muchas cosas para convertirte en la lesbiana de la familia, o en el mariconsito de la escuela, en el desviado del trabajo. Y eso me parece injusto.



Así como me parece injusto que si amas a alguien y tienes la fortuna de ser correspondido, ese bello amor se tenga que convertir en un secreto que se tenga que estar ocultando todo el tiempo. Que no puedas tomar de la mano a tu pareja en la calle, que no le puedas dar un beso en público, que no podamos entrar abrazadas al cine como los heterosexuales, que tengamos que ocultar lo que sentimos por no “incomodar” a los demás o en el peor de los casos por no sufrir una agresión verbal o física (aparte de las miradas que seguramente habrá). Eso duele, ellos no saben cuanto nos duele. No queda más remedio que formar parte de una minoría, formar una especie de guetto y buscar lugares apartados en los que podamos ser [algo en lo que no estoy de acuerdo] las lesbianas muchas veces son más segregadas socialmente que los homosexuales, y en el caso de los que como yo somos bisexuales se complica un poco más porque creen que no estamos definidos, que somos gays no aceptados, o que a la primer discusión correremos a los brazos del sexo opuesto. Este post da para más y a mi ya me están cruzando las ideas, a lo que iba es que sigue habiendo muchas cosas que me parecen injustas dentro de una sociedad de doble moral. La iglesia condena la homosexualidad pero muchos de sus representantes son gays [y no son invenciones mías, se los noto] y el que pintó la Capilla Sixtina de la que tanto presumen fue uno de los homosexuales más famosos que ha dado la historia.

¡Ironías, de eso esa hecho el mundo!.